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Chapter 4 - Capítulo 4

Capítulo 4: El Tedio de la Perfección

El regreso al Cielo fue una transición violenta de los sentidos.

Del caos cromático de Pentagrama City —rojos viscerales, negros de hollín y neones parpadeantes— pasamos a la blancura absoluta y silenciosa de las antecámaras celestiales.

El aire aquí no sabía a nada; era tan puro que resultaba artificial, como respirar en una sala de hospital recién esterilizada.

Alrededor de la sala, las exorcistas de la Primera Generación bullían con una energía poscombate que rozaba la histeria colectiva. Se amontonaban en círculos, presumiendo de sus "puntuaciones" con una mezcla de orgullo infantil y sadismo militar.

—¡Cincuenta y dos! ¡Y a uno lo partí desde la mandíbula! —gritaba una, limpiando su lanza con un paño de seda que parecía repeler la suciedad.

En el centro del grupo, destacaba una figura que ya empezaba a proyectar una sombra más larga que las demás: Lute. Adán estaba frente a ella, soltando una de sus carcajadas estruendosas mientras le daba un golpe entusiasta en la hombrera.

—¡Eso es de lo que hablo, nena! ¡Esa es la actitud! —rugió Adán, mostrando una sonrisa de dientes afilados, atravesé de su máscara LED—. Lute, hoy has hecho que el viejo Adán se sienta como un padre orgulloso. ¡Mañana quiero ver ese mismo fuego en el entrenamiento!

Vesper se mantuvo en la periferia, apoyada contra una columna de mármol que se sentía demasiado fría al tacto. Sus ojos , ocultos tras la máscara digital, analizaban la escena con la precisión de un escáner.

«Ahí está», pensó. «El momento cero. Lute está dando sus primeros pasos para convertirse en la mano derecha de Adán. El fanatismo no nace, se cultiva, y Adán sabe exactamente qué botones de validación presionar».

Movida por una curiosidad táctica y un descuido logístico, Vesper escaneó el resto de las filas buscando un rostro específico, una debilidad futura. Buscaba a Vaggie. Pero tras varios minutos de observación, se rindió. No había rastro de la futura "traidora" ni de nadie que encajara con su descripción que recordaba.

«Posiblemente será creada después», concluyó con frialdad. «O quizás es una de las que aún no han sido 'despertadas' o simplemente se fue a sus aposentos ignorando a Adán, Da igual. Por ahora, es una variable inexistente en mi ecuación y si existe la analizare mañana».

Adán finalmente dio un paso atrás, silbando para llamar la atención de todas.

—¡Escuchen, mis pequeñas máquinas de matar! ¡Buen trabajo hoy! El Infierno está un poco más vacío y el Cielo un poco más limpio gracias a ustedes. Pero no se ablanden. Mañana a primera hora las quiero a todas en el cuartel general. Vamos a pulir esas técnicas para que el próximo año las puntuaciones dupliquen estas cifras. ¡Ahora, lárguense a disfrutar del paraíso!

Con un gesto despreocupado, el Primer Hombre se retiró, seguido de cerca por una Lute que caminaba con un nuevo aire de importancia. Las demás exorcistas se dispersaron rápidamente, ansiosas por explorar las bondades del Cielo.

Vesper no se unió a ellas. Caminó en dirección contraria, siguiendo el mapa mental que parecía venir preinstalado en su conciencia sobre la ubicación de sus aposentos.

Al llegar a su habitación —un espacio minimalista, de paredes blancas y un techo dorado y Azul cosmos que se sentía más como una celda de lujo que como un hogar—, lo primero que hizo fue quitarse la máscara.

El casco se deslizó con un siseo neumático, dejando que el aire fresco le acariciara el rostro.

Se acercó al espejo de cuerpo entero que dominaba una de las paredes. Por primera vez desde su reencarnación, Elias miró a Vesper.

La imagen que le devolvió el cristal era desconcertante. Pelo corto un poco ondulado, de un blanco tan puro que parecía brillar con luz propia. Piel clara sin una sola imperfección, pestañas grandes y unos ojos agudos de un dorado intenso que parecían contener fragmentos de estrellas.

Sin embargo, lo que más le llamó la atención no fue su belleza angelical, sino su expresión. Era inexpresiva, distante, casi robótica.

«Parezco una kuudere de algún anime de tercera», pensó Vesper con una mueca interna que apenas se reflejó en su rostro real. «Soy una cáscara perfecta para un alma que ya no pertenece a este mundo».

Mmm..

—Podría identificarme como una auténtica Kuudere con mi cara actual, hasta podría procesar el tramite para un certificado—Analizó Vesper mientras miraba como su expresión de Kuudere apenas se noto el movimiento de sus labios.

«Da Igual, tengo que hacer análisis más profundos en mi nuevo cuerpo y limpiarme de la escoria que borre del sistema». Pensó Vesper antes de encontrá su ducha privada.

Se despojó de su uniforme y entró en el baño. El agua caía como seda líquida, pero incluso el placer físico se sentía amortiguado por su nueva fisiología o simplemente le costaba procesar adecuadamente los estímulos "humanos" y debía completarse la instalación del software y hardware.

Tras secarse y vestirse con un conjunto deportivo negro debajo de una túnica blanca sencilla con una "V" estilizada grabada con dorado en el centro, decidió que era hora de explorar su nuevo hogar: el Cielo mismo.

Caminó por los jardines de cristal, cruzó puertas de mármol blanco, camino sobre puentes de arcoíris sólido, miro animales domésticos, ficticios y extintos, Cartografío todos los restaurantes locales, Intento procesar la extraña cantidad de costales de azúcar qué estaban literealmete en cada maldito rincón y observó a los "Ganadores" —las almas humanas que habían llegado allí— viviendo sus eternidades de felicidad programada.

Había música suave en todas partes, coros angelicales que cantaban sobre la gloria y la paz, Algunos Ganadores armando un musical y bailes coreografías de la nada y una luz eterna que nunca permitía la sombra.

Después de dos horas, Vesper se detuvo frente a una fuente de ambrosía, mirando el horizonte dorado con una sensación de aburrimiento existencial.

«El Cielo es aburrido. Jodidamente aburrido», pensó, sintiendo un impulso irracional de buscar una pistola, como en el número musical de Sir Pentious, pegarse un tiro solo para sentir algo que no fuera esta paz estéril y olvidar con un suicidio Eficiente el maldito número musical en el que termino arrastrada.

Comparado con la adrenalina de masacrar a la escoria del Infierno, o incluso con los dramas y luchas de poder que recordaba de la serie, el Cielo era desesperadamente "ñoño". Era una utopía sin aristas, un lugar donde el conflicto estaba prohibido y la ambición se consideraba innecesaria.

«Charlie quiere que los pecadores vengan aquí», reflexionó con una amargura creciente. «Quiere traer a asesinos, violadores y tiranos a este lugar para que... ¿qué? ¿Para que canten canciones sobre la alegría mientras flotan en nubes de algodón de azúcar? No durarían ni dos días antes de querer quemarlo todo por puro aburrimiento».

Vesper apretó los puños. Si el Cielo era la recompensa, ella prefería la guerra. El contraste entre la "bondad" de este lugar y la realidad de lo que acababa de hacer abajo solo reforzaba su nueva convicción.

«Una eternidad de esta monotonía...», se dijo, mirando hacia el cuartel general donde mañana empezaría el entrenamiento.

«Bueno, al menos mañana podré golpear algo. Si tengo que vivir en esta burbuja de perfección, más vale que me convierta en la mejor arma que este lugar haya visto jamás. Porque cuando el canon empiece, no voy a ser una espectadora aburrida. Voy a ser la pesadilla que Charlie nunca vio venir».

Pensó Vesper mientras caminaba en búsqueda de algo interesante que despertará su interés en este su monótono, ñoño y aburrido nuevo hogar.

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