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Chapter 7 - Capítulo 7: Ponte en marcha.

Capítulo 7: Ponte en marcha.

—¿Leche? ¿En serio? —preguntó Mina con incredulidad. El arroz que acababan de comer era literalmente más de lo que muchos ciudadanos, incluso mejor posicionados, podían permitirse. Que este sujeto quisiera darles leche para el invierno le parecía una broma particularmente cruel.

—Mira... no tengo ganas de pelear contigo por eso —dijo Rose honestamente. Tenía mejores cosas que hacer que discutir con Mina, o con cualquiera en general. —De momento, tengo que preocuparme más por la cosecha y por los ladrones que por el invierno.

Si no recordaba mal, la cosecha era a inicios de otoño. A no ser que hubiese un invierno temprano, lo cual era posible, tendría más o menos tres meses para preparar la ciudad y asegurar su supervivencia hasta la primavera.

—¿Qué pueblos serían atacados primero? —preguntó, mientras Desmos sentía un deseo irrefrenable de hacer correr la sangre y las tripas de los ladrones. En realidad, de los tres, él era el único que estaba contento con todo el asunto... aunque Mina no podía oírlo.

—Las ciudades más débiles y desprotegidas— afirmó Mina con certeza. Ya había participado en eventos similares y sabía que los lugares con un ejército precario serían los primeros en ser atacados.

Esto finalmente aclaró el panorama completo en la mente del joven príncipe: era finales de verano, a solo veinte días del otoño. Carter le había vendido la ciudad simplemente para salvar su propio pellejo, pues sabía que probablemente moriría durante el Festival de los Ladrones.

Además, no tenía tiempo de enviar una carta a su padre solicitando refuerzos. Le había tomado seis meses cruzar el maldito océano para llegar a las Badlands, e incluso su mensajero infernal más rápido tardaría varias semanas. Y si los refuerzos eran enviados, tardarían meses en llegar.

—Básicamente estamos solos, viejo amigo. —se dijo a sí mismo, mientras empuñaba firmemente a su compañero de toda la vida.

[Y estoy feliz con eso... más sangre para pintar mis filos]. Desmos, en realidad, sonaba increíblemente excitado ante la idea de luchar en una batalla tan desfavorable.

Mina, ignorando completamente el comentario de la Lanza Desquiciada, se cruzó de brazos.

—No tienes un solo caballero. Incluso siendo de Parnam, te será imposible resistir el ataque de los ladrones. Te matarán y ocuparán tu castillo.

Ella había presenciado esto en inviernos pasados: varias ciudades habían caído en manos de los ladrones sin que nadie pudiera evitarlo.

—No caeré tan fácil —replicó Rose. Miró a Mina con sus ojos plateados, que por primera vez desde que se conocieron, reflejaron una emoción genuina: pura y absoluta determinación de defender ese lugar y a su gente, o morir en el intento.

—¿Quieres venir conmigo? —ofreció Mina de repente, sin saber honestamente por qué lo había dicho. —Solo te estoy devolviendo el favor, me salvaste la vida después de todo... Sí, solo eso.

[miente fatal... es igualita a ti] dijo Desmos con un tono divertido, pues Rose era un pésimo mentiroso.

Rose sonrió con calma a la joven, soltando una risita ante el comentario de su mejor amigo. —Tranquila, no moriré tan fácil —le aseguró.

El ver su mirada confiada le impidió gritarle por su idiotez e imprudencia. —Será mejor que no te mueras. —le advirtió antes de marcharse sin siquiera dedicarle una segunda mirada.

[Me gusta. Si sobrevivimos, deberías cortejarla] comentó Desmos. Esa chica tenía carácter y era la primera a la que Rose le prestaba atención, además de sus hermanas, claro está.

Rose simplemente puso los ojos en blanco ante el descarado comentario de su viejo amigo, volviendo de inmediato a su trabajo; lo administrativo podía esperar. Si bien era cierto que, siendo un semidiós, era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a un ejército solo, una cosa era un ejército y otra muy distinta era una oleada interminable de ladrones. Ni siquiera él tenía tanta resistencia.

—Parece que tendremos que planificar esto con sumo cuidado —murmuró para sí mismo. Luego, desenrolló un pergamino sobre el escritorio y comenzó a trazar una estrategia más meticulosa.

[¡Maldita sea! El reclutamiento militar carece de toda estrategia meticulosa... ¿Y cómo se supone que los entrenarás en solo 20 días?] se quejó Desmos. Sabía que eso no solo era una tarea titánica, sino virtualmente imposible.

Rose ignoró el comentario de su mejor amigo y se centró en terminar su cartel de reclutamiento. Una vez que enrolló el pergamino, salió del estudio. En el camino, su mente trabajaba a toda máquina, ideando un plan de acción sólido, pues sabía que necesitaba desesperadamente resolver este problema si quería tener éxito.

Al llegar a la plaza pública, pegó el afiche en un tablón de madera y se apresuró a regresar al palacio para comenzar a preparar las defensas.

—Oigan... parece que van a volver a subir los impuestos —comentó uno de los aldeanos. Al no saber leer, el aldeano solo pudo ver el símbolo de dinero y asumir eso del afiche.

Rose, por supuesto, había pasado por alto ese detalle: si a la gente apenas le alcanzaba para conseguir comida, y eso a duras penas, saber leer era un sueño realmente lejano. De no ser porque su padre había dedicado el último año a enseñarle la lengua escrita y hablada de estas tierras, él mismo no habría podido entender nada hasta este momento.

Afortunadamente, entre los ancianos se encontraba uno que había trabajado como profesor en la escuela de la ciudad antes de que los nobles anteriores la clausuraran. Este hombre se acercó al tablón para leer el anuncio en silencio. Al terminar, la sorpresa fue tal que sintió que su corazón se detenía por un instante.

—Señor Han, ¿qué sucede? ¿Han subido tanto los impuestos? —preguntó un joven, preocupado por la salud del anciano al que todos en el pueblo respetaban.

—El nuevo barón está contratando empleados —informó el anciano, recobrando la compostura.

después de eso, y para asegurarse de no obviar ningún detalle, simplemente procedió a leer el afiche en voz alta:

Aviso Urgente: Llamamiento del Señor de la Ciudad

Se solicita personal letrado para ocupar puestos administrativos en el palacio y colaborar en la gestión del territorio.

Ofrecemos: Contratación inmediata para aquellos que superen la entrevista y un salario generoso de 120 monedas de cobre mensuales.

Interesados: Presentarse en la Mansión de la Ciudad este sábado por la mañana.

Oportunidades de Empleo en el Pueblo

¡El pueblo necesita su fuerza! Se buscan ciudadanos aptos para los siguientes puestos:

1. Cazadores (50 vacantes)

Requisitos: Hombres y mujeres jóvenes, de 16 a 30 años, con excelente condición física.

Salario:Cien monedas de cobre para quienes superen la prueba de resistencia.

Cita:Domingo por la mañana.

2. Constructores de Defensas

¡Prepárense para la "fiesta de los ladrones"! Necesitamos manos fuertes para fortificar el pueblo.

Requisitos: Hombres robustos de 21 a 30 años, libres de vicios de bebida o tabaco.

Salario:Ochenta monedas de cobre para los seleccionados tras la prueba física y la entrevista.

Cita:Lunes por la mañana.

3. Ejército

Se reclutan hombres y mujeres que cumplan los requisitos establecidos para Cazadores y Constructores. Su valentía es nuestro escudo.

Cita: A partir del martes

Sueldo mensual: 120 monedas de cobre.

Personal para el Castillo

Se solicita personal femenino, preferiblemente casadas o en una relación estable, para tareas de mantenimiento y limpieza dentro del castillo.

Salario: 10 monedas de cobre a la semana.

—¡Eso... eso tiene que ser mentira! —exclamó, incrédulo, el mismo hombre de antes—. ¡Ochenta monedas de cobre solo por construir muros! Nadie tiene tanto dinero.

—Cien monedas de cobre por salir a cazar, eso es todavía más absurdo —añadió otro joven.

Su incredulidad era natural. Después de todo, el anterior señor, con suerte, ofrecía un salario de veinte monedas por servir en el ejército. Pensar que un señor mucho más joven tuviera tanto dinero sin cobrar impuestos era, sencillamente, imposible.

Incluso fuera de esta baronía, que era particularmente pobre y cruel, los salarios no mejoraban mucho. El sueldo mensual para la mayoría de la gente oscilaba entre 30 y 40 monedas de cobre, y eso en los empleos mejor remunerados. Una familia nuclear donde ambos padres trabajaran apenas alcanzaría, con suerte, 60 monedas de cobre al mes, lo justo para subsistir. Después de todo, en la ciudad de Sedena, donde el barón regulaba el precio del trigo, una libra de harina costaba cuatro monedas de cobre. Si no complementaban su dieta con verduras silvestres, simplemente no podrían alimentarse.

Sin embargo, si el nuevo barón realmente ofrecía los salarios que estaban escritos en el afiche, esto significaría un cambio monumental para la ciudad. Poco sabían ellos que Rose, en realidad, desconocía la diferencia entre los símbolos de las monedas de cobre y plata y que no había traído cobre, sino oro y plata, y su intención era pagarles en plata.

Fin del capítulo.

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